son tribulaciones porque estoy atribulado. el humo, del cigarro.
aunque pueda parecer eufemístico, mi tribulación es fruto del insomnio, que me imbuye de cierto sentimiento de impotencia, desazonándome hasta límites inopinados.
este fin de semana empieza el verano. sí, ya sé que oficialmente empezó hoy, pero según el calendario pagano, lo hace el día de las hogueras, el mismo día del que la iglesia católica se adueñó para sacralizar la fiesta con el patronímico de turno, en este caso, san juan.
quiero estar en la playa, como cada año. en valladolid, porque en la meseta tenemos la curiosa costumbre de traernos la arena, las sombrillas y las viejas en top less al pisuerga, todo muy pintoresco.
cuando era joven, los antidisturbios recibieron invitación del alcalde para cargar contra la gente que libremente, como cada año, había acudido en masa a celebrar la fiesta en familia, junto a la fogata. las hostias fueron como panes. bueno, eso no quedó claro del todo, pero caer, cayeron. vamos, que lo de mayo del sesenta y ocho fue una inocente algarada colegial.
este año llevaremos calimotxo y material inflamable para disfrutar de la noche. jopete ya no se anda metiendo en ríos y tal, así que no hay peligro. además, emilio ya no le tira botellas de dos litros a los coches patrulla, así que la única mecha que encenderemos será la de la hoguera.
a ver si este año, en vez de hugo silva, nos encontramos a la locuza del cinturón. sería la risión.
a ver, la soplapollez de hoy, que aún alcanzo a dormir algo.
se abre el telón y aparecen ciento cincuenta mil mujeres albanokosovares huyendo despavoridas. se cierra.
se abre otra vez y se ve a setecientos cuarenta y tres mil soldados yugoslavos con metralletas persiguiéndolas a punto de darles alcance. se cierra.
¿cómo se llama la película?
mujeres al borde de un ataque de serbios.
jueves, 21 de junio de 2007
miércoles, 6 de junio de 2007
arreboladas tardes de mayo
arreboladas tardes de mayo contemplando el cadencioso paso del tiempo.
fragantes y bulliciosas de manzanos y acebuches que esperaban pacientes el frescor de la madrugada.
escuchando el candoroso clamor de la acequia entre los juncos queriendo recordar cada nota, cada tallo, cada gota perdida entre la hierba. intentando no olvidar nunca la quietud de la tierra ni el ajetreo de las nubes.
los pardos campos, la verde arboleda, el arroyo, las colinas y los caminos, solos y polvorientos.
los hombres recios, las nobles bestias y el sol sobre las tierras.
la casa blanca de adobe viejo junto al molino. la parra sobre la piedra y el hierro en las paredes del cobertizo.
el más leve sonido del viento entre el centeno, meciendo las espigas.
apenas un murmullo, los vencejos en el alero.
y a lo lejos, la azucena sobre la retama, el cielo sobre los trigales.
fragantes y bulliciosas de manzanos y acebuches que esperaban pacientes el frescor de la madrugada.
escuchando el candoroso clamor de la acequia entre los juncos queriendo recordar cada nota, cada tallo, cada gota perdida entre la hierba. intentando no olvidar nunca la quietud de la tierra ni el ajetreo de las nubes.
los pardos campos, la verde arboleda, el arroyo, las colinas y los caminos, solos y polvorientos.
los hombres recios, las nobles bestias y el sol sobre las tierras.
la casa blanca de adobe viejo junto al molino. la parra sobre la piedra y el hierro en las paredes del cobertizo.
el más leve sonido del viento entre el centeno, meciendo las espigas.
apenas un murmullo, los vencejos en el alero.
y a lo lejos, la azucena sobre la retama, el cielo sobre los trigales.
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